PALABRA DE NIMBE

Por Nimbe Romero

Papantla, Ver.- Aunque tenemos una sola mujer en la carrera por la Alcaldía Papanteca, Sugey Falla, quien entró en la contienda de último minuto, abanderada por el Partido Fuerza por México, las mujeres políticas papantecas están dando de que hablar.

Hace no mucho, escuché de viva voz de algunos dirigentes de partidos, decirles a los futuros candidatos, que las mujeres “son las llavecitas” que abren la puerta del poder. Haciendo una clara referencia a que, por la cuota de género, podrían o no ser candidatos los varones, pero que buscaran mujeres de su familia o de sus confianzas, para encabezar sus proyectos políticos. 

Obviamente no era momento de dar mi opinión, pues yo solo estaba en una mesa cercana a donde se llevaba a cabo dicha entrevista, y no podía en ese momento hacer alusión a lo equivocado y tergiversado de la equidad de género en las candidaturas, porque es una conquista que le llevó años a las mujeres del país lograrla; pero que ahora es un pretexto, para que las nuevas “juanitas”, sigan proliferando, y es tristemente un caso que se replica en todos los partidos políticos.

No quiero enlistar a las hijas, esposas, hermanas, y demás mujeres que están participando actualmente en las planillas, en espacios que de no existir la cuota de género sería ocupados por sus papás, esposos o hermanos, porque quiero darles el beneficio de la duda. Ojalá que cuando lleguen al poder, den cuenta de su capacidad y profesionalismo, su don de gente, y su vocación por el servicio. Hago votos, porque así sea.

Pero sí, quiero retomar en este espacio dos casos relevantes que han estado dando mucho de qué hablar entre los papantecos, durante estos últimos días, sobre las mujeres en la política. Comienzo con el caso de Sara López Rivera, quien era claramente una carta fuerte de Morena, a la diputación local.

El distrito se perdió de una excelente candidata, que sería una diputada como no la habido, ni en Papantla, y que su candidatura hubiera sido legítimamente de equidad. No hubiera llegado por ser la esposa, la hermana o la hija; sino por mérito propio, con un potencial enorme. Pero no es una mujer que se someta, y no juega el juego sucio de la política, vaya, no es rebelde, es congruente. Así que, los hombres se quedaron con espacios que hubieran podido ser excelentemente representados por una mujer como ella.

Otra mujer que causó mucho revuelo, es Julieta Monroy Blanco, quien hizo pública su renuncia a la candidatura a regidora por el Partido Revolucionario Institucional (sí, sí es del PRI, pero de las rescatables), y que no le agradó precisamente a los hombres de su partido, ni de los partidos con los que hicieron alianza para esta elección.

Julieta Monroy ya fue candidata a diputada local, y aunque hizo un buen papel, la aplanadora de Morena y el efecto “Peje”, de la pasada elección, pues le vencieron en esa primera batalla. Sin embargo, no se sentó en sus laureles, como otras que esperaron hasta este proceso, para aparecer, y quedarse en la planilla, desplazándola hasta la posición número cuatro.

En un acto de congruencia, que no de rebeldía (¡porque con todo y esto, no ha renunciado al PRI!!!!) decidió no ser candidata a regidora; que sí llegaba o no llegaba, que, si le daban una dirección en el Ayuntamiento en la próxima administración o no, ese no es el tema. Es que con su renuncia demostró no ser una mujer sumisa, ni su mensa. Bien por ella y por todo su equipo que la respalda.

Pero ya en el PRI, se veían muy mal las cosas para las mujeres, desde que Angelina Morales Díaz renunció a la secretaria de gestión social, y la maestra Elodia Aguillón, acusó de misógino al líder de ese partido. Y no, no son mujeres rebeldes de la política, es que simplemente son mujeres congruentes, destacadas profesionistas, con vocación de servicio, que no le deben su posición política, y la estima y reconocimiento del pueblo papanteco, a ningún varón. 

La historia tiene que cambiar. Papantla debe dejar el machismo, porque sin mujeres políticas de verdad, de carrera y con capacidad, pues… nos tendríamos que resignar a tener puras “llavecitas”. Y eso, mis estimad@s lectores, eso no es democracia, es simulación, y oportunismo.

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