Fidel, como muchos habitantes en pueblos de la región de Xalapa, sale al campo de caza. Él no lo hace por deporte ni para venderlos en el mercado negro, actividad común en la zona según activistas, él captura animales silvestres para comer.

Comenta que ha cazado armadillos, tlacuaches, mapaches, zorros y aves como las llamadas chachalacas. En el pueblo de donde es originario abundaban, pero reconoce que cada vez son menos, especialmente en el caso de los tlacuaches

“Ir a cazar es más que nada porque nos gusta la carne de monte, no es por diversión, es por comérselos; muchos cazan y ahí los dejan muertos, no los provechan”, afirma.

Fidel es un hombre de campo y ocasionalmente se dedica a trabajos como la albañilería. Asegura que cerca de su hogar abundan mamíferos como los armadillos, que son fáciles de capturar, pero otros como el tlacuache “ya casi no se ven”.

“Ahorita el tlacuache es muy difícil matarlos porque no hay; está en peligro de extinción y es verdad que no hay. Yo tengo años que no los cazo por lo mismo, aunque armadillos sí hay bastantes.

“Sólo sales al campo y ves a las ‘tochas’ con sus crías. De estos sí hay bastantes y son grandes (…). Su carne sabe bien en adobo o frita, se parece mucho a la carne de cochino”, explica.

Él opta por disecar algunas de sus presas como los armadillos y no tiene problemas en mostrarlos, aunque no utiliza los caparazones para elaborar objetos como bolsas o trastes, tal y como acostumbran algunos lugareños.

Tampoco vende las pieles o captura ejemplares para venderlos de forma ilegal. Fidel asegura que recurre a la caza para comer carne con su esposa y sus hijos, pero la caza furtiva es una actividad que los activistas buscan combatir.

LAURA  RESCATA FAUNA SILVESTRE

Desde hace 17 años, Laura Beatriz Mora Pale ha dedicado su vida al rescate de la fauna silvestre y doméstica. Enseña la importancia de que las aves vivan libres exhibiendo jaulas en desuso que llevan mensajes sobre este punto. Reparte volantes con infografías respecto a los animales de la zona de Teocelo.

Incansable, a sus 36 años ha tejido alianzas para atender y curar a animales silvestres que llegan a Educación y Protección Animal de Teocelo (EPAT), su organización dedicada al cuidado del medio ambiente y especialmente a especies en riesgo, amenazada por los monocultivos y la caza furtiva.

La mujer señala que algunos de los casos más comunes ocurren con el tucán, del que tienen reporte que, al migrar a estas zonas por la destrucción de sus hábitats, las personas los capturan y los venden.

Narra que, aprovechando la llegada de las aves, algunos hombres jóvenes se dedican a colocar trampas en árboles para cazar a los animales, sobre todo en comunidades rurales.

El estudio “Fauna edáfica e insectos”, realizada en las instalaciones del Instituto Tecnológico de Úrsulo Galván, demostró precisamente que, como dice Laura, la práctica de los monocultivos “afectaron de forma significativa la diversidad y equidad de la fauna edáfica, mientras que el policultivo la favoreció, condición que puede deberse a la cobertura vegetal, heterogeneidad vertical y riqueza de especies vegetales”.

Aunque en este caso se analizó la presencia sobre todo de insectos, aplica el mismo resultado para fauna de mayor tamaño, como advierte Laura Beatriz.

EPAT es producto de un sueño que surgió hace 20 años, cuando su fundadora, aún sin saber que ese sería el resultado de su esfuerzo, inició su primera campaña de esterilización canina y felina gratuita.

“Es así como inicia formalmente este trabajo organizativo de protección animal y tiene que ver con una formación personal que tengo y que está relacionado con el hecho que desde que nací ha habido en casa animales domésticos que han acompañado nuestras vidas y para mí son como integrantes de la familia.

“No es que sean un objeto o una cosa, algo que se tenga para estar amarrado todo el tiempo; en este sentido desarrollo una empatía y un amor hacia estos seres”.

Cuando creció, la activista identificó diversas situaciones de maltrato a los animales y, en esa medida, buscó alternativas para frenarlo, concretando tres años después de aquella campaña de esterilización lo que ahora es EPAT.

Ocuparse de la fauna silvestre no es un tema fortuito y menor. Beatriz Mora señala que al vivir en una zona cuya característica es la riqueza de flora y fauna que posee a ella le hacen valorar “que no todos los espacios tienen este privilegio.

“Somos afortunados, pero así como hay un montón de diversidad de fauna, también hay prácticas que están acabando con ella”, advierte.

La mujer cambió su formación profesional por el trabajo comunitario que busca, entre otras cosas, la igualdad de género, la defensa de los territorios y la protección animal.

ESPECIES EN RIESGO

Ella señala que se ha diversificado el fin de la caza de especies en riesgo. Aunque es real que algunos sectores hacen uso de ella para la alimentación, también lo es que se capturan “para traficarlos, para venderlos o simplemente como diversión”.

Especificó que las especies amenazadas pueden clasificarse en tres grupos: las aves como los tucanes; los reptiles y los mamíferos.

“Entonces tenemos reporte de personas que han capturado tucanes que los venden y los comercializan y otras aves más”.

Respecto a los reptiles dijo que se tiene una idea deformada de las víboras y serpientes. 

“Se tiene la creencia que pueden ser venenosos, pueden causar un gran daño a las personas, pero la verdad la gran mayoría de estos seres lo que quieren es huir de la gente”.

Sostiene que se ha tratado de concientizar a las personas para que, si ven una víbora o serpiente cerca permitan que se vayan.

De los mamíferos indicó que el tlacuache, único marsupial mexicano, es el más amenazado, seguido de los mapaches, tejones, armadillos, zorros, puercoespines, tigrillos, osos hormigueros, entre otros.

Beatriz Mora lamenta que la llegada de nuevas especies a la zona no sea por una buena razón, sino más bien producto de la invasión del ser humano a los hábitats de estos animales.

“El monocultivo es un problema grave en la zona principalmente por la siembra del limón, de caña también; hay zonas que estaban completamente llenas de vegetación y ahora están siendo devastadas”.

Si bien la práctica de la caza furtiva ha ido desapareciendo, EPAT tiene identificados también tres grupos de cazadores: quienes lo hacen para vivir, que serían alrededor del 10 por ciento; el 40 por ciento para quienes lo hacen con fines de comercialización y los más letales, la mitad de los cazadores que lo hacen para «presumir».

“Simplemente es por esparcimiento, diversión, placer salir con perros o con armas a esta práctica. Tiene que ver con diversión, más que necesidad o lucro”.

IMPACTO HUMANO

El estudio “Impacto de la Agricultura sobre la Biodiversidad” destaca que Veracruz es un estado potencialmente agrícola y es uno de los tres estados del país con mayor participación en el sector agropecuario.

Sin embargo, refiere también que la agricultura en el estado comenzó a cobrar sus efectos debido a la exploración e incorporación de nuevas áreas, cuyo potencial no es apto para la agricultura. 

“Se ha reportado que en el estado de Veracruz se ha observado la segunda tasa más alta de deforestación del país, ya que se tiene una pérdida, durante el periodo de 1984 a 2000, del 35 % de los bosques, equivalente a 47 000 ha año-1; probablemente Veracruz es el estado con mayor número de especies amenazadas”, señala.

Agrega que las prácticas agrícolas de baja intensidad, tales como el pastoreo, jardines y barbechos en rotación, alteran los procesos y composición de la flora, fauna y de los microorganismos de los ecosistemas naturales. 

“Los sistemas más intensivos, incluyendo el monocultivo moderno, las plantaciones y ranchos de ganado de alta densidad, pueden modificar el ecosistema de una manera tan severa que muy poco de la biota previa y del paisaje permanecen”.

El estudio alerta que el estado de Veracruz es representativo de la “dramática” situación que sufre el país por la pérdida de masa forestal, biodiversidad y recursos hidráulicos. 

“La pérdida de bosques y selvas causa alteraciones al ciclo hidrológico, al clima, a la flora y fauna, y provoca una fuerte erosión del suelo que se traduce en una pérdida de tierra cultivable. Todo lo antes mencionado es claro que trae como resultado una pérdida de la biodiversidad”.

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